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PostHeaderIcon Celia Cruz es la “Reina Rumba”

Reina-rumba-117x200Dentro de la literatura colombiana,

Umberto Valverde, nacido en el Barrio Obrero de Cali, se ha distinguido por su afán de trabajar con salsa.
No sólo en su primer libro,Bomba Camará, una colección de cuentos, sino en su más reciente Abran paso, historia de las orquestas femeninas de Cali escrita en colaboración con Rafael Omar Quintero Valverde, y en su vida personal de anacobero pagando karma como intelectual en este país nuestro tan finisecular y tan singular. En 1981 Umberto Valverde escribe este libro Reina Rumba dedicado a Celia Cruz , situado entre periodismo y literatura, cuya primera edición fue de La Oveja Negra y que ahora aparece prologado por la nada despreciable firma de Guillermo Cabrera Infante, es sin lugar a dudas un libro para leer de noche, para leer bebiendo.

Reina Rumba es como un experimento,

Reina Rumba libro dedicado a Celia Cruz
donde la historia de la música cubana es el telón de fondo para un colage , que combina elementos biográficos de tan popular cantante con las memorias personales del autor centradas en el movimiento estudiantil de aquellos tiempos. Estas últimas constituyen los materiales más atractivos y originales, huellas de una historia que nunca se ha logrado comprender en profundidad: la de los radicales de los años 60 y 70 que, si bien no hicieron ninguna de las revoluciones propuestas (democrático-burguesa, democrático-popular, nueva democracia socialista y demás), al menos contribuyeron a la modernidad caleña con nuevas corrientes intelectuales y la democratización de su vida social.

Surgieron, no de sectores tradicionales, sino de escenarios nuevos, como el Barrio Obrero, el Colegio Santa Librada y la Universidad del Valle, para luego regarse por toda la ciudad con la efervescencia de aquellos tiempos. Pero más que en el sabor epistemológico de publicaciones contestatarias e ilegibles como Crítica Marxista, estos radicales se comprenden a partir de su obsesión por la música del Caribe, y aquí el aporte de Valverde es especialmente valioso. Rescata la memoria de un fiel testigo de conspiraciones y promiscuidades: el desaparecido Bar de William, “barcito estrecho e incómodo donde no era posible bailar sino restregarse, sintiendo en la arrechera de la borrachera las rodillas de la hembrita, el excitante contacto de sus muslos, sujetándola con firmeza, bailando tan acompasadamente como si cada movimiento fuera hecho por un solo cuerpo”. En aquel condumio glorioso, “cuando sonaba un bolero y se encendía la luz negra, esa luz mortecina que dejaba ver el lavado de la ropa, se apretaba a la amiga del amigo, a la esposa del vecino, y surgía entonces el romance efímero, el apretón de manos, el beso furtivo, las ganas de compartir el calor de las piernas, el deslizamiento de una caricia escondida por la piel sudorosa”

. Pero el Bar de William, más consecuente que sus parroquianos, no sobrevivió el reflujo de la lucha aunque, como pasa con los verdaderos revolucionarios, el eco de sus exhalaciones se prolonga hasta nuestros días. Y no solamente se trata de que si sus paredes hablaran codificarían todos los análisis que escucharon, toda la sociología, la antropología, la historia y la economía de Cali; aquí como siempre y en todas partes, se muestra que las buenas cantinas han sido las locomotoras de la historia.

Se trata también de metáforas indelebles de la noche caleña, de personajes como el poeta Farías, dormido y borracho, soñando con música exquisita allá lejos donde Corrompido, de las memorias de quien esto escribe, que una noche entró solo y sin plata y salió borracho y con amigas.

En fin Valverde descubre lo que podría ser un filón etnográfico y su reconstrucción es afortunada excepto en un punto crucial: las mamertas no eran tan feas como él pretende.

Otro aspecto destacable en estas memorias personales se refiere a Humberto Corredor, un hombre de leyenda en la música del Caribe. Su biografía podría ser la de un pirata posmoderno: del Barrio Obrero a Nueva York, para dedicarse a viajar por el mundo comprando discos y convertirse en el principal coleccionista colombiano, en asesor y empresario de sus ídolos, de la Sonora Matancera. Consecuente con sus ideas, Humberto Corredor hizo posible que la Sonora se presentara en Cali después de muchos años, en lo que parece un episodio de cuento de hadas que amerita un esfuerzo investigativo de mayor alcance.

El esbozo biográfico de Celia Cruz es un esfuerzo por organizar información hasta entonces dispersa que sigue teniendo vigencia, incluso hoy, cuando existen estudios académicos sobre la cultura musical del Caribe. Incluso teniendo en cuenta que se trata de una narración nada distanciada, escrita por un adorador incondicional. Incluso sabiendo que Valverde confunde el más exitoso show de América Latina con la mejor voz femenina que haya producido Cuba.

Estas nostalgias de gentil hombre habanero, de La Habana de aquellos tiempos, no consiguen, sin embargo, oscurecer el panorama: es que algún defecto debía encontrarle a un trabajo que sigue fresco y vital.

Fuente:Celia Cruz Reina Rumba
Umberto Valverde
Arango Editores, Santafé de Bogotá, 1995, 158 págs

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